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Tiempo de recalibrar la agenda chilena de cambio climático

Una de las claves de una política pública robusta es la posibilidad de adaptarla a condiciones críticas diferentes a las que existían al momento de diseñarla y/o implementarla. Ese es el caso hoy para el desafío que impone el cambio climático.

Por: Aldo Cerda, CEO SCX Bolsa de Clima de Santiago | Publicado: Viernes 26 de abril de 2024 a las 11:17 hrs.
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Una de las claves de una política pública robusta es la posibilidad de adaptarla a condiciones críticas diferentes a las que existían al momento de diseñarla y/o implementarla. Ese es el caso hoy para el desafío que impone el cambio climático.

a) El escenario de estabilización del aumento de la temperatura en 1.5ºC es inviable: las proyecciones del IPCC (https://www.ipcc.ch/sr15/) requieren una reducción del 40% de las emisiones actuales de GEI al 2030 (equivalente a una disminución sostenida del 7% anual de las mismas). El único año en que las emisiones se redujeron fue el 2020 producto de la pandemia. Aún en ese contexto, la reducción fue solo del 2%. ¿Cuál es el escenario más probable de emisiones al 2030? Si nos guiamos por los compromisos incondicionales de los países (NDCs), estaremos 10% por sobre los niveles de emisión actuales (51 mil millones de toneladas de CO2e) al 2030. ¿Cuál es entonces el escenario más posible de largo plazo? Un aumento de la temperatura de 3ºC respecto a los niveles previos a la Revolución Industrial. Un desastre para los ecosistemas vulnerables.

b) Chile no cumplirá su trayectoria de carbono neutralidad al 2050: como el país es altamente vulnerable a los efectos del cambio climático, tiene que hacer su parte en el esfuerzo colectivo de reducir emisiones, pero su trayectoria no se verificará, dado que:

  1. Las tasas de captura de emisiones de los bosques nativos y de plantaciones se han reducido en la macro-región Centro-Sur producto de los mismos impactos del cambio climático (sequías, menores precipitaciones, aumento de la intensidad de incendios) y de la violencia que afecta a las regiones de Biobío al Sur.
  2. Todas las metas “forestales” se están incumpliendo groseramente por falta de instrumentos específicos de apoyo para los proyectos de forestación, manejo de bosque nativo y restauración ecosistémica de paisajes.
  3. El economics del hidrógeno verde para uso en el sector industrial y de transporte en Chile se ha postergado al menos una década.

c) El realpolitik del mundo desarrollado es viabilizar la exportación de soluciones tecnológicas para mitigación de emisiones: la agenda de descarbonización de Europa, EEUU o Japón busca generar mercado para soluciones de alto costo (sobre 400 USD/tCO2e según MSCI), que son un orden de magnitud más caras que las opciones que ofrecen las Soluciones basadas en la Naturaleza en Chile. La estrategia de lobby de la cooperación internacional en este campo es legítima. Nuestra ingenuidad es opcional.


La recalibración requerida de la agenda climática de Chile debiera incluir:

  1. Impuestos verdes 2.0: se necesita una formulación más acorde a la competitividad internacional de la regulación de emisiones para los sectores EITE (emissions intensive, trade exposed). Minecon había concordado con los gremios industriales un modelo que aumentaba el monto del tributo significativamente, pero que cambiaba el objeto gravado a la intensidad de emisiones que superara un cierto umbral tecnológico -similar al modelo regulatorio canadiense o una variación cercana del europeo-. Ese aumento del gravamen permitiría generar una señal de precio adecuada para despertar el mercado de proyectos de compensación de emisiones, el cual no es viable a los actuales 5 USD/tCO2e.
    2. La clave está en la Adaptación: aunque Chile alcance la carbono neutralidad, sus emisiones son marginales a nivel global y por ende el escenario de aumento de temperatura es inevitable. Dado ello, la urgencia para el país está en la agenda de adaptación climática. Dos elementos son críticos: a) las SbN (soluciones basadas en la Naturaleza) pueden diseñarse para atacar simultáneamente los desafíos de mitigación y adaptación climática; y b) una transición ecológica justa toma como referencia a los grupos más vulnerables de la sociedad, y no sólo -como ahora- la vulnerabilidad física de la oferta energética o productiva ante el cambio climático.
    3. Subsidios neutrales para SbN: dado que los impuestos correctivos no tienen objetivo recaudatorio, se puede reorientar los ingresos fiscales que se obtengan de los impuestos verdes (neutralidad fiscal) a subsidios específicos a proyectos de Soluciones basadas en la Naturaleza que complementen el rol del mercado de compensaciones para asegurar su viabilidad. Tal como Chile post-terremoto del 1960 cambió sus códigos de construcción para asegurar infraestructura resistente a los sismos, hoy requerimos asegurar la disponibilidad de una infraestructura natural resiliente.
    4. Energía no es sólo electricidad: Chile construyó un caso de clase mundial en el despliegue de fuentes de electricidad renovable en una década. Es el momento de hacer lo propio en el sector de combustibles alternativos para la industria, ocupando la experiencia de los EACs (energy attributes certificates) donde Chile a través de IREC es un referente internacional.
    5. Diplomacia verde: Chile tiene “marca” para generar influencia en la forma que países como Argentina, Perú, Ecuador, Uruguay o Colombia implementan sus estrategias de descarbonización. ¿Un ejemplo? Abrir parcialmente el mercado de compensación a proyectos de alta integridad ambiental de esos países.

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